Terribles noticias las que leemos en el diario The Guardian y en el Washington Post.

Los lobos del parque nacional de Denali en Alaska eran una manada querida por muchos científicos y turistas, solían ser los protagonistas de cientos de fotos y los objetivos de múltiples estudios e investigaciones. Sus rituales, costumbres, lazos familiares, etcétera llevaban siendo documentados desde los años 30: algunos individuos hasta tenían nombres.

Ahora, después de décadas de agresiones por parte de cazadores, nos llega una -lamentablemente no tan inesperada- noticia: es posible que todos los individuos de la manada hayan muerto. El último macho con collar ha sido encontrado muerto cerca de un campamento de cazadores y es incierto lo que le haya podido pasar a los otros tres miembros de la manada (dos cachorros y la mamá).

Con esta noticia sigue la controversia creada entorno a la ley de Alaska que permite que los cazadores maten a grandes depredadores incluso en refugios naturales dentro de los límites del estado. Esta ley ha provocado que lentamente hayan ido desaparecido más y más manadas de lobos en los parques – en 2015 sólo un 5% de los visitantes en los parques conseguían ver un lobo en Denali.

Si queda algún lobo vivo, puede que aún haya un hilo de esperanza para la manada. La organización llamada US Fish and Wildlife Service ha empezado a ejercer presión para eliminar la caza en los refugios naturales y poder así defender la conservación de sus especies, o como mínimo para poder acabar con ciertas prácticas que han creado mucha controversia y que se han llevado a cabo de forma descontrolada (como, por ejemplo, disparar a los animales desde aviones de caza o disparar a cachorros de lobo en sus refugios).

Por ahora las prácticas de caza han sido prohibidas en 16 parques, con el objetivo principal de promover métodos de control de poblaciones más sostenibles y supervisados.