Hoy leemos una historia que nos demuestra una vez más lo especial y sanadora que puede llegar a ser la relación entre un humano y un animal.

Sam Bloom, una mujer activa y en forma, tuvo un accidente en Tailandia en 2013 que la dejó sin poder caminar de por vida. Devastadora noticia para ella y toda su familia, la época posterior al accidente no fue nada fácil para los Bloom. Hasta que en medio de esta crisis familiar llegó Penguin. El hijo de Sam, Noah, encontró a la urraca australiana en el jardín de su abuela: el animalito parecía haberse caído de un nido, estaba perdido y era demasiado pequeño como para sobrevivir. Los Bloom decidieron adoptarlo temporalmente hasta que pudiera valerse por sí mismo, dándole comida a mano de forma diaria y esperando que algún día Penguin pudiese volar libre.

Llegó el día en el que en efecto Penguin creció y pudo volar libre, pero aún así la urraca siguió pasando la mayor parte del tiempo con la familia como un miembro más, hasta llegar a jugar y comer con ellos diariamente. Su amistad con la familia ha llegado a tal punto que a menudo Penguin levanta a los niños por la mañana y descansa junto a ellos cuando leen o estudian.

Está claro que la aparición del animal en sus vidas supuso una inesperada motivación e ilusión para la familia Bloom, que estaba pasando por uno de los momentos más difíciles hasta el momento. Ahora que Penguin ha llegado a la edad reproductiva vuela libre hacia otros lares (actualmente se encuentra en Newport), pero sigue visitando a la familia de vez en cuando.

La familia Bloom, por su parte, planea publicar un libro llamado “Penguin Bloom: The Odd Little Bird Who Saved a Family“. Aquí os dejamos con el vídeo-tráiler para que os hagáis una idea de cómo será el libro de esta preciosa historia:

Fuente: Care2