Sabemos que muchas especies son claves para el mantenimiento de la cadena trófica de su ecosistema, en su Origen de las Especies Darwin ya nos explicó el impacto que la escasez o abundancia de un depredador podía tener en el paisaje.

Y es que el impacto que la actividad humana tiene en muchas poblaciones y áreas es más que evidente si nos concentramos en el funcionamiento de algunos ecosistemas. Hablando de un ejemplo más concreto, centrémonos en lo que nos explica el biólogo marino James Estes acerca de cómo los depredadores marítimos y terrestres son capaces de cambiar su entorno. Estes ha centrado la mayor parte de su trabajo en las Islas Aleutianas: pese a ser una de las regiones más salvajes y vírgenes del planeta, los cazadores y exploradores llevan años viajando hacia el área con el objetivo de cazar pieles de nutria, pieles muy valiosas dada su densidad y anchura.

Por esto, ni siquiera las Islas Aleutianas se salvan del impacto humano. La desaparición de miles y miles de nutrias de la región en el último siglo ha provocado un crecimiento casi incontrolado de erizos de mar (presa principal de las nutrias) en las regiones en las que las nutrias están extintas. Como consecuencia, este aumento en la población de erizos de mar ha provocado que éstos se coman casi todas las algas marinas de la zona.

La observación de Estes es clara: en las regiones donde las nutrias están extintas se observa una desaparición crítica de la flora marítima y algas casi no existentes. Mientras, en las islas cercanas en las que aún habitan nutrias, las algas crecen normalmente. Y el primer caso, por supuesto, crea problemas aún mayores, ya que sin un crecimiento normal de algas marinas los peces, cangrejos, etc. se quedan sin alimento.

Impactante forma de entender y saber lo que ocurre a nivel ambiental cuando se altera el ritmo natural de un ecosistema, aunque sea de tan sólo una especie. Si queréis leer más sobre el tema, una buena fuente de información es precisamente el libro de Estes Serendipity: An Ecologist’s Quest to Understand Nature (University of California Press).

Fuente: The Guardian