Era de noche en el acuario nacional de Nueva Zelanda cuando el pulpo Inky se las arregló para escapar por una rendija de su tanque, cruzar el suelo y meterse en un tubo de drenaje que le llevó al mar.

Después de encontrar esa pequeña vía de escape, el pulpo se arrastró por el suelo de una habitación hasta llegar a la tubería que le llevó a la Bahía de Hawke, situada en la costa este de North Island. Fue la mañana siguiente cuando los trabajadores del acuario encontraron su rastro en el suelo y en la cañería. Según Alix Harvey los pulpos se caracterizar por ser criaturas extremadamente fuertes, hábiles e inteligentes: los cefalópodos han demostrado en diversas ocasiones cómo pueden escapar por espacios minúsculos, ya que la mayor parte de su cuerpo es flexible.

Esto, sin duda, convierte a los pulpos en unos expertos del escape, ya que además cuentan con una vista perfecta y con la habilidad de mapear mentalmente su entorno. Lo mismo ocurrió hace un tiempo en un pulpo del acuario británico, que escapó de su tanque una noche para capaz algunos peces de los acuarios vecinos. Esta inteligencia se ha desarrollado en esta especie dado su complejo entorno natural: dado que los pulpos suelen vivir en arrecifes de coral, han desarrollado diferentes técnicas para mezclarse con el entorno, cazar y esconderse de sus presas.

Bien por Inky, que ahora podrá disfrutar de su libertad en los mares de Nueva Zelanda.

Fuente: NYTimes