Llega el invierno y con él nuestras tardes de sofá y manta, nuestras mañanas de tés calentitos y los edredones nórdicos esperando en nuestras camas. Está claro que nosotros tenemos nuestras técnicas para combatir el frío, pero… ¿qué hacen los animales para resistir a las bajas temperaturas viviendo en la intemperie? Leemos en National Geographic un increíble artículo en el que describen diversas maneras con las que los animales sobreviven a los climas más fríos.

Especies como el buey almizclero, que habita en el Ártico, disponen de diversas capa de pelaje -llamadas qiviut– que les permiten soportar temperaturas de hasta -50 grados Fahrenheit. De la misma forma, los osos polares acumulan capas de grasa con las que resisten temperaturas similares. Otra táctica similar, como la del ciervo de cola blanca, consiste en desarrollar un pelaje más resistente sólamente durante los meses de invierno.

Por otro lado, especies como las ranas de la madera se preparar para el invierno de forma bien distinta a lo que hemos leído hasta ahora: éstas se refugian en capas de hojas o en el agua y entran en un estado de congelación hasta que el invierno termina. Cuando el clima vuelve a ser más cálido su metabolismo vuelve a activarse y continúan su vida con normalidad – esto es posible gracias a la glucosa y la urea de sus cuerpos, que les permite sobrevivir aún estando su cuerpo congelado durante meses.

Uno de los métodos más curiosos para resistir el frío es el de los flamencos, que cuentan con un sistema de circulación inverso para mantener sus largas y finas piernas calientes: la sangre abandona el cuerpo para concentrarse en los pies y piernas, evitando de esta forma la pérdida de calor corporal. Esta estrategia es puesta también en práctica por los pingüinos de la Antártida.

Otro ejemplo realmente impresionante es el del reno: los renos pueden alterar el color de sus ojos para acostumbrarse a los meses sin luz del invierno ártico, adaptando la membrana tras la retina ocular de forma que refleje la luz de distinta forma.

Desde luego el mundo animal no deja de sorprendernos.

Fuente: News National Geographic