Cada verano, en la costa mediterránea se habla, en algún momento, de tiburones. La prensa se hace eco de los avistamientos (¡uno o dos como mucho!) en las playas, sabedora de que es un tema que siempre ha vendido y es entonces cuando la leyenda se hace un poquito más grande.

Tiburones

Los reconocemos por su primera aleta dorsal, que es la que se deja ver cuando se acercan a la superficie, pero si pedimos a un niño que dibuje un tiburón, también incluirá una aleta caudal prominente, una aleta pelviana y dos aletas pectorales además de una boca, dentadura y hocico inconfundibles, acompañados, para que “pueda respirar”, de unas características hendiduras branquiales.

Los tiburones pertenecen al grupo de peces cartilaginosos (clase Condrichthyes) y dentro de éstos, al superorden de los Selachimorpha. Estos datos no nos dicen nada, a no ser que seamos expertos en taxonomía marina. Sin embargo, si hablamos de tiburones o escualos, en el imaginario hay una idea de agresividad y peligrosidad que se suele imponer a las otras.

Años 70, Steven Spielberg y el top of mind

Si le preguntan por cuál cree usted que es el animal más peligroso para el ser humano, ¿cuál es el primero que le viene a la mente? Si ha pensado en el mosquito o en el propio homo sapiens está en lo correcto.

Sin embargo, el primero que se les ocurre a muchas personas (su “top of mind”) es el tiburón. En efecto, en este caso también podríamos ir a buscar en el refranero y encontraríamos que “unos tienen la fama y otros cardan la lana”. La fama del tiburón viene de lejos, desde que los hombres empezaron a salir a pescar en sus embarcaciones. Esto se exacerbó en los años 70 y 80 del pasado siglo, cuando un jovencísimo Steven Spielberg (27) batió todos los récords de recaudación con la película “Tiburón” o Jaws en inglés. Sin saberlo, estaba ayudando a convertir la marca “tiburón” en una idea que incluía los conceptos de ataque, sangre, peligro, muerte, miedo… una clase magistral de marketing estratégico. Un máster en branding en toda regla.

El tiburón blanco

Se han descrito más de 300 especies de tiburones. En el Mar Mediterráneo, por ejemplo, encontramos especies relativamente pequeñas, como las tintoreras (Prionace glauca) o sus primos hermanos, Galeorhinus galeus o incluso la pintarroja o pez gato (Scyliorhinus canicula), de algo más de medio metro y comunes hallazgos entre las redes de los pescadores de la zona. También podemos encontrar el temido tiburón blanco o Carcharodon carcharias, el único superviviente de la especie Carcharodon. Puede llegar a pesar 3 toneladas y suele seguir los bancos de atunes, sin acercarse demasiado a las costas. Pese a esto, fue el actor principal de la película, en la que atemorizaba a los bañistas de las costas estadounidenses.

El mito: Carcharodon megalodon

Si algún día tiene el lector el placer de ver el documental “Tiburones”, de la serie “Mundo Submarino” del famoso oceanógrafo Jacques Yves Cousteau, le recomiendo que para entender este párrafo vea los primeros minutos del vídeo que enlazamos aquí. Si no es mucho pedir, véalo todo y disfrute de uno de los mejores documentales de los 80. Es todo fascinante. Tan fascinante como la maqueta del Carcharodon megalodon. Ese tiburón inmenso detrás del comandante Cousteau, en el Oceanográfico de Mónaco, es una réplica del mayor tiburón del que se tiene constancia. Estas proporciones se han calculado a partir de fósiles, dientes y huesos que se han encontrado. A día de hoy parece ser que están extintos pero ¿quién sabe?… a veces nos preocupamos tanto por lo que hay en el espacio exterior que nos olvidamos del estudio de lo que puebla las aguas del Planeta.

Importancia en el ecosistema marino: los mejores preventivistas

Gracias a los tiburones, que se comen a los meros, la población de éstos últimos disminuye, y a su vez, esto hace que aumente la de peces pequeños, que tienen una importancia capital en la conservación de los arrecifes y por ende, contribuyen a que las algas no se apropien de un ecosistema que inicialmente no les pertenecía.

Gracias a los tiburones, se regula la población de rayas y escualos de menor tamaño. Del mismo modo que con los peces menores, así se propicia el mantenimiento de la población de bivalvos, muy importantes en algunas industrias.

Por estos motivos, entre otros, parece ser evidente que tendríamos que estar agradecidos a estos animales. ¡Dar las gracias! Sin embargo, es común en países asiáticos matarlos para hacer sopa con su aleta dorsal. Aceptando que el mercado existe y sin entrar en dilemas éticos, ¿podría regularse de manera efectiva? Dejamos aquí la pregunta, que daría para una tesis doctoral. Una vez más los hombres dando las gracias al planeta… a nuestra manera.

Además y para finalizar, los tiburones son los mejores médicos especializados en la prevención de enfermedades transmisibles. ¡Especialistas en Medicina Preventiva y Salud Pública! Los tiburones tienen altas concentraciones de urea y sales en su organismo, lo contrario que sucede en los demás peces. Esta particularidad hace que cuando entran en contacto con virus o bacterias procedentes de los peces que ingieren (normalmente enfermos o débiles, ¡porque los sanos y fuertes escapan!) estos microorganismos no aguanten dichas concentraciones y acaban muriendo. Por tanto, evitan la propagación de enfermedades en la población marina.

Darwin definió la evolución con una clarividencia superior.

Una evolución que nos empeñamos en diluir, en aguas cada vez más sucias, a marchas forzadas.